
En esta época elegimos nuestros verdaderos amigos, y le damos más importancia a la vida dando nuestra opinión. Tenemos opiniones firmes, amigos en los que realmente confiamos y que nos hacen madurar siempre estando a nuestro lado. Y el amor, el primer amor. Ese que nos hace que nos hace enloquecer, pensar, el que nos ayuda, el que nos confunde y el que, mas tarde, nos hace llorar. El primer amor nunca se olvida, ni en el tiempo, ni en la distancia. Tenemos sueños. Siempre estamos soñando pero por cosas justas como la libertad, tenemos ganas de caminar por la vida a corazón abierto, de cambiar el mundo, de quitar las reglas, de vivir y descubrir nuevos retos y nuevas metas. De cambiar el mundo de manera que la amistad y el amor es lo más importante y lo que nunca cambie. Pensamos en el futuro, en lo que será de nosotros y deseamos que las personas que están actualmente en nuestras vidas sigan aquí en el fututo. Que todo vaya a mejor, que viajemos, que nuestras ideas sigan firmes y no cambien, que nuestra voz y opinión se escuche, que sigamos soñando. Y el mayor del adolescente es no crecer, no ser adulto jamás. Si, es verdad que siempre decimos lo contrario: ojala tuviera 18 años. Para irnos de casa, de fiesta, algunos quieren dejar de estudiar, fumar sin esconderse, beber legalmente, conducir. Pero en realidad queremos eso mas que todo lo que tenemos ahora en nuestra adolescencia es decir los amigos y le amor no cambien pero las dos cosas no son posibles. Por eso no queremos crecer porque en el fondo somos concientes que una vez adultos todo cambia. Al ser adultos dejamos de soñar, olvidamos nuestras opiniones, seguimos las normas, dejamos de luchar por lo que queremos,… peor los adultos se olvidan de que también han soñado en algún momento de su pasado. Y que si no lo han realizado es porque no han querido, porque no han luchado suficiente. Nosotros estamos convencidos de que si que lo conseguiremos. Y se que si todos pusieran de nuestra parte el mundo que los adolescentes soñamos tener se podría tener porque no pedimos nada que no se pueda realizar. Y en cada adulto hay un sueño oculto. Por mucho que lo olviden. No queremos crecer. La adolescencia no se puede olvidar porque es la época más bonita de nuestras vidas. Y nos ayuda a madurar, a crecer, a ser quien queremos ser.

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